lunes, 12 de abril de 2010

Cuentos infantiles actuales II

BLANCANIEVES Y LOS SIETE ENANITOS.

Resulta que Blancanieves es una niña bien que vive en un lejano país, como todas. Hete aquí, que tiene una madrastra que quiere verla muerta porque es más guapa que ella. La primera en la frente. Todo el cuento gira en torno a la supuesta belleza de la chica. ¿Por qué en ningún momento ese maldito espejo mágico no le dice “la belleza depende de aquel que mira”? Porque a lo mejor al trozo de cristal ese le parece la leche en verso, pero a mi me puede parecer más fea que un pie sudado. Pues no, como son sus huevos, la niña es, a pelotas, más guapa que la reina. Obviamos que el padre ha muerto, porque si no habría hecho algo para evitar tanta locura… Con este supuesto sobre la mesa, me planteo: vamos a ver, si sabes que tu mujer es una pirada que se cela de la carita bonita de tu hija, ¡no la dejes a su cargo, leñe, que fijo que lo le espera nada bueno! Que la tutele un pariente, que alguno habrá dispuesto. Pues no, la niña se queda con la viuda psicópata. Total, que la madrastra manda que se carguen a la chica, pero con saña, ¿sabes?, porque pide como prueba su corazón, que ya hay que tener ganas de ver vísceras. Bueno, Blancanieves escapa y encuentra una casa. Aquí es cuando enseñamos a nuestros niños lo que es el allanamiento de morada, ¡porque anda que espera a que venga alguien! No, esta fuerza la puerta y se cuela, y eso que el cazador ya no la persigue, porque es él quien la salva el pellejo. El caso es que cuando llegan los dueños, siete enanitos, la acogen con los brazos abiertos, la cobijan y la protegen. Muy loable por su parte, teniendo en cuenta que ha forzado la puerta principal, hurgado en sus cosas y la persigue una loca.

En esta situación transcurre un tiempo indeterminado en el que los enanos curran y la tipa les hace de comer y friega sus porquerías a cambio de refugio; esto es, una chacha interina en toda regla. Llega un día en el que la madrastra vuelve a preguntar al fastidioso espejo “quién es la más bella del reino”, a lo cual, el muy chivato suelta “Blancanieves. ¿Que no sabes distinguir un corazón animal de uno humano, so bruja?”. La tía (que, a todo esto, no tiene nombre) se enfurece y decide matarla ella misma disfrazándose de vieja y ofreciéndole una manzana envenenada. Guay. Luego pretendemos que los niños coman fruta… Va a la casa de los enanitos, la chica la invita a pasar y ella le da la manzana. La muerde y se queda en el sitio. Llegan los enanitos, la ven, persiguen a la vieja y esta se despeña por un barranco (una bella imagen, sin duda). Como piensan que la joven está muerta, la meten en un ataúd de cristal y la lloran en el bosque. Hay que ser un poco masoca para tener de exposición a tu amiga muerta, pero bueno. La cosa es que llega un príncipe, la ve, se enamora y… la besa, ¡con un par! Vamos a ver. ¿Dónde queda eso del respeto a los muertos? La necrofilia no está muy bien vista socialmente. Ahora, que si es un príncipe azul… la cosa cambia… ¡Lo que hace el poder!


Es decir, que cuando decidimos relatar Blancanieves y los siete enanitos, enseñamos:

1ª: Que la belleza es muy importante, tanto, que debemos matar a aquel que creamos que es más guapo que nosotros.

2ª: Que la hermosura no es un concepto subjetivo, sino que hay una regla invisible que establece quién es socialmente más guapo que otro.

3ª: Ser “okupa” es una gran opción de futuro.

4ª: Cuando una anciana te pida un poco de agua porque está deshidratada, no la creas, es una bruja.

5ª: Si un extraño te ofrece comida, lo lógico es aceptarla y comérsela, ¿verdad?

6ª: Si ves un cadáver, bésalo sin dudarlo, que lo mismo resucita.


Pues sí que hemos sacado cositas en claro con este cuento…



Piensa qué clase de adulto quieres que sea tu hijo/a antes de entonar el “había una vez”.


® Raquel Contreras

domingo, 21 de marzo de 2010

Cuentos infantiles, ¿qué enseñamos?

INTRODUCCIÓN. CUENTOS DE HADAS

Cada vez que entonamos el “Érase una vez”, estamos zambullendo a nuestros pequeños en un mundo de fantasía que ellos disfrutan y paladean con placer. Para nosotros es casi una rutina tomar un libro o hacer memoria y relatar ciertos cuentos que la inmensa mayoría conocemos. Tanto es así, que ni si quiera nos paramos a analizar con un poco de detenimiento lo que estamos enseñándoles. Porque, efectivamente, los niños aprenden con todo. Son como pequeñas esponjas que absorben información prácticamente sin darse cuenta. Es así como, por ejemplo, aprenden las palabrotas que tanta gracia nos hacen en un niño de dos años y no consentimos en un crío de once. Por eso es importante saber lo que les estamos transmitiendo. Al igual que procuramos que no vean películas o dibujos de contenido violento y nos planteamos ciertos tabúes cuando están delante para evitar enseñarles malas conductas, deberíamos prestarle atención a qué tipo de historias les contamos.

Nos fiamos de que Disney (sus películas y adaptaciones de los cuentos clásicos) o empresas similares, velan por la infantilización de los contenidos para niños. Pues he aquí una crítica con algunos ejemplos que, a la par que educativos, espero sean entretenidos para quien los quiera leer, y que iré presentando los próximos días.

Analicemos fríamente cuentos o dibujos que tan gratamente recordamos o relatamos:


Para empezar, los cuentos de hadas en general que tanto gustan a las niñas. Esto se ve fácil y rápido: tía inútil y repipi busca heredero pitufo. Porque viene siendo básicamente eso, ¿o no?
Esas princesitas de cuento que nos presentan tan delicadas y femeninas no son tan tontas como parece. ¿Cuántas veces es un tío normal, un currito de a pie quien se la lleva? Más bien poquitas. Porque no quieren al ogro, ni al enanito, ni a nadie que no tenga título de príncipe. ¡Carajo para la mosquita muerta! Y siempre heterosexuales, no vaya a ser que, por equívoco, digamos que fue una amazona quien besó a Blancanieves. ¡Por Dios! Eso sí que es perversión. Y llegamos a otro tema crucial: la necrofilia en los cuentos. Vamos a ver, si la tipa está moribunda en una cama (véase la Bella Durmiente) o metida en un ataúd (caso Blancanieves), está bien que le presentes tus respetos y tal, pero de ahí a mandarle un morreo… eso da bastante mal rollo. Y no vale el “es que la bruja dijo que tenía que besarla…” ¿Y tú le haces caso? ¡Pero que es una bruja, coño, que no pretende nada bueno! Y luego están las madrastras… esas horribles mujeres que nunca quieren nada bueno para las hijas de su esposo… Es una idea cojonuda, seguro que todas las mujeres que se casan de segundas nupcias con un hombre con hijos brincan de alegría con esta visión. Porque nunca es un padrastro… No, ¿para qué? Desvirtuemos el papel de la mujer ya desde la infancia: serás una pobrecita dependiente de un hombre que te salve, y si algún día crías a niños que no sean tuyos, te verán como una bruja. ¡ESTUPENDO! ¡Mi sueño hecho realidad!

Salvando algunas excepciones de películas que se dan en la actualidad o reedición de cuentos para hacerlos “políticamente correctos”, está por ver que le contemos a nuestros niños eso de “Érase una vez un príncipe encerrado en una torre, que era tan débil, asustadizo y lerdo que no podía salir por sí mismo, y esperaba el día en que una princesa u otro príncipe, por qué no, se perdiera en sus paseos y le encontrase, pues le salvaría y se casaría con él.” ¡STOP! Hemos quedado en que los niños aprenden de todo aquello que ven, escuchan o tienen cerca. Qué pretendemos, ¿que se comprometa con el primer crío que le defienda en el recreo? ¿Qué se quede sentadito/a esperando a que su pareja ideal se tope de bruces con él? Un poquito de cordura… que le echen una mano no quiere decir que esté supeditado a esa persona de por vida… Hay que ser agradecido, sí, pero tanto… Me parece que no es eso lo que pretendemos. Entonces, ¿por qué lo ponemos como ejemplo a seguir?


Piensa qué clase de adulto quieres que sea tu hijo/a antes de entonar el “había una vez”.


® Raquel Contreras

lunes, 25 de enero de 2010

Cuentos Clásicos. Final

La Bella Durmiente, de Giambattista Basile, posteriormente, por C. Perrault:

Versión adaptada (Perrault):
La joven princesa cae bajo el hechizo de una bruja al cumplir la mayoría de edad, envenenándose al pincharse el dedo con una rueca. Cae en sueño profundo, y con ella, su futuro reino, y sólo despierta cuando el príncipe, su verdadero amor, la besa. Posteriormente se casan y, obviamente, son felices comiendo perdices.

Versión original (Giambattista Basile):
Los reyes conciben una hija, y son advertidos por unos sabios de que en un futuro, caerá envenenada. Esto sucede según lo previsto, se pincha con el uso y cae envenenada. El rey preserva su cuerpo tumbado. Un día, un príncipe pasa por el lugar, ve a la joven y no resiste la tentación de poseerla. La viola y se marcha. Fruto de ese encuentro, nacen gemelos, que son cuidados por las hadas, hasta que uno de ellos chupa el dedo de su madre, sacando la astilla y haciéndola volver de su letargo. El príncipe vuelve al lugar donde se encontraba la chica y la encuentra despierta. Aquí, unas versiones dicen que se ofrece a ayudarles y les lleva a su palacio; otras, que simplemente vuelve a poseerla y marcha sin ellos. Sea como fuere, aparecen en el palacio del padre de sus hijos, sin saber que este está casado. Su legítima mujer decide matarlos. Aquí de nuevo se abren dos vertientes. En una de ellas, la esposa trata de asesinar a la bella durmiente y sus hijos. En a otra, pretende cocinar a los bastardos para dárselos de comer a su marido. En ambos casos, parece que sus planes se ven frustrados y se salvan, casándose posteriormente la chica con aquel que la violó.



En fin, estas son las versiones originales de sus autores... ¿Te cuento un cuento?


Raquel Contreras




Fuentes:

http://www.rinconcastellano.com/cuentos/index.html
http://www.muchachadesal.com/versiones-originales-de-algunos-cuentos-clasicos/
http://answers.yahoo.com/question/index?qid=20071218142008AA0ZILa
http://www.tinet.cat/~vne/CI_02_bella%20durmiente.htm