BLANCANIEVES Y LOS SIETE ENANITOS.
Resulta que Blancanieves es una niña bien que vive en un lejano país, como todas. Hete aquí, que tiene una madrastra que quiere verla muerta porque es más guapa que ella. La primera en la frente. Todo el cuento gira en torno a la supuesta belleza de la chica. ¿Por qué en ningún momento ese maldito espejo mágico no le dice “la belleza depende de aquel que mira”? Porque a lo mejor al trozo de cristal ese le parece la leche en verso, pero a mi me puede parecer más fea que un pie sudado. Pues no, como son sus huevos, la niña es, a pelotas, más guapa que la reina. Obviamos que el padre ha muerto, porque si no habría hecho algo para evitar tanta locura… Con este supuesto sobre la mesa, me planteo: vamos a ver, si sabes que tu mujer es una pirada que se cela de la carita bonita de tu hija, ¡no la dejes a su cargo, leñe, que fijo que lo le espera nada bueno! Que la tutele un pariente, que alguno habrá dispuesto. Pues no, la niña se queda con la viuda psicópata. Total, que la madrastra manda que se carguen a la chica, pero con saña, ¿sabes?, porque pide como prueba su corazón, que ya hay que tener ganas de ver vísceras. Bueno, Blancanieves escapa y encuentra una casa. Aquí es cuando enseñamos a nuestros niños lo que es el allanamiento de morada, ¡porque anda que espera a que venga alguien! No, esta fuerza la puerta y se cuela, y eso que el cazador ya no la persigue, porque es él quien la salva el pellejo. El caso es que cuando llegan los dueños, siete enanitos, la acogen con los brazos abiertos, la cobijan y la protegen. Muy loable por su parte, teniendo en cuenta que ha forzado la puerta principal, hurgado en sus cosas y la persigue una loca.
En esta situación transcurre un tiempo indeterminado en el que los enanos curran y la tipa les hace de comer y friega sus porquerías a cambio de refugio; esto es, una chacha interina en toda regla. Llega un día en el que la madrastra vuelve a preguntar al fastidioso espejo “quién es la más bella del reino”, a lo cual, el muy chivato suelta “Blancanieves. ¿Que no sabes distinguir un corazón animal de uno humano, so bruja?”. La tía (que, a todo esto, no tiene nombre) se enfurece y decide matarla ella misma disfrazándose de vieja y ofreciéndole una manzana envenenada. Guay. Luego pretendemos que los niños coman fruta… Va a la casa de los enanitos, la chica la invita a pasar y ella le da la manzana. La muerde y se queda en el sitio. Llegan los enanitos, la ven, persiguen a la vieja y esta se despeña por un barranco (una bella imagen, sin duda). Como piensan que la joven está muerta, la meten en un ataúd de cristal y la lloran en el bosque. Hay que ser un poco masoca para tener de exposición a tu amiga muerta, pero bueno. La cosa es que llega un príncipe, la ve, se enamora y… la besa, ¡con un par! Vamos a ver. ¿Dónde queda eso del respeto a los muertos? La necrofilia no está muy bien vista socialmente. Ahora, que si es un príncipe azul… la cosa cambia… ¡Lo que hace el poder!
Es decir, que cuando decidimos relatar Blancanieves y los siete enanitos, enseñamos:
1ª: Que la belleza es muy importante, tanto, que debemos matar a aquel que creamos que es más guapo que nosotros.
2ª: Que la hermosura no es un concepto subjetivo, sino que hay una regla invisible que establece quién es socialmente más guapo que otro.
3ª: Ser “okupa” es una gran opción de futuro.
4ª: Cuando una anciana te pida un poco de agua porque está deshidratada, no la creas, es una bruja.
5ª: Si un extraño te ofrece comida, lo lógico es aceptarla y comérsela, ¿verdad?
6ª: Si ves un cadáver, bésalo sin dudarlo, que lo mismo resucita.
Pues sí que hemos sacado cositas en claro con este cuento…
Piensa qué clase de adulto quieres que sea tu hijo/a antes de entonar el “había una vez”.
® Raquel Contreras
lunes, 12 de abril de 2010
domingo, 21 de marzo de 2010
Cuentos infantiles, ¿qué enseñamos?
INTRODUCCIÓN. CUENTOS DE HADAS
Cada vez que entonamos el “Érase una vez”, estamos zambullendo a nuestros pequeños en un mundo de fantasía que ellos disfrutan y paladean con placer. Para nosotros es casi una rutina tomar un libro o hacer memoria y relatar ciertos cuentos que la inmensa mayoría conocemos. Tanto es así, que ni si quiera nos paramos a analizar con un poco de detenimiento lo que estamos enseñándoles. Porque, efectivamente, los niños aprenden con todo. Son como pequeñas esponjas que absorben información prácticamente sin darse cuenta. Es así como, por ejemplo, aprenden las palabrotas que tanta gracia nos hacen en un niño de dos años y no consentimos en un crío de once. Por eso es importante saber lo que les estamos transmitiendo. Al igual que procuramos que no vean películas o dibujos de contenido violento y nos planteamos ciertos tabúes cuando están delante para evitar enseñarles malas conductas, deberíamos prestarle atención a qué tipo de historias les contamos.
Nos fiamos de que Disney (sus películas y adaptaciones de los cuentos clásicos) o empresas similares, velan por la infantilización de los contenidos para niños. Pues he aquí una crítica con algunos ejemplos que, a la par que educativos, espero sean entretenidos para quien los quiera leer, y que iré presentando los próximos días.
Analicemos fríamente cuentos o dibujos que tan gratamente recordamos o relatamos:
Para empezar, los cuentos de hadas en general que tanto gustan a las niñas. Esto se ve fácil y rápido: tía inútil y repipi busca heredero pitufo. Porque viene siendo básicamente eso, ¿o no?
Esas princesitas de cuento que nos presentan tan delicadas y femeninas no son tan tontas como parece. ¿Cuántas veces es un tío normal, un currito de a pie quien se la lleva? Más bien poquitas. Porque no quieren al ogro, ni al enanito, ni a nadie que no tenga título de príncipe. ¡Carajo para la mosquita muerta! Y siempre heterosexuales, no vaya a ser que, por equívoco, digamos que fue una amazona quien besó a Blancanieves. ¡Por Dios! Eso sí que es perversión. Y llegamos a otro tema crucial: la necrofilia en los cuentos. Vamos a ver, si la tipa está moribunda en una cama (véase la Bella Durmiente) o metida en un ataúd (caso Blancanieves), está bien que le presentes tus respetos y tal, pero de ahí a mandarle un morreo… eso da bastante mal rollo. Y no vale el “es que la bruja dijo que tenía que besarla…” ¿Y tú le haces caso? ¡Pero que es una bruja, coño, que no pretende nada bueno! Y luego están las madrastras… esas horribles mujeres que nunca quieren nada bueno para las hijas de su esposo… Es una idea cojonuda, seguro que todas las mujeres que se casan de segundas nupcias con un hombre con hijos brincan de alegría con esta visión. Porque nunca es un padrastro… No, ¿para qué? Desvirtuemos el papel de la mujer ya desde la infancia: serás una pobrecita dependiente de un hombre que te salve, y si algún día crías a niños que no sean tuyos, te verán como una bruja. ¡ESTUPENDO! ¡Mi sueño hecho realidad!
Salvando algunas excepciones de películas que se dan en la actualidad o reedición de cuentos para hacerlos “políticamente correctos”, está por ver que le contemos a nuestros niños eso de “Érase una vez un príncipe encerrado en una torre, que era tan débil, asustadizo y lerdo que no podía salir por sí mismo, y esperaba el día en que una princesa u otro príncipe, por qué no, se perdiera en sus paseos y le encontrase, pues le salvaría y se casaría con él.” ¡STOP! Hemos quedado en que los niños aprenden de todo aquello que ven, escuchan o tienen cerca. Qué pretendemos, ¿que se comprometa con el primer crío que le defienda en el recreo? ¿Qué se quede sentadito/a esperando a que su pareja ideal se tope de bruces con él? Un poquito de cordura… que le echen una mano no quiere decir que esté supeditado a esa persona de por vida… Hay que ser agradecido, sí, pero tanto… Me parece que no es eso lo que pretendemos. Entonces, ¿por qué lo ponemos como ejemplo a seguir?
Piensa qué clase de adulto quieres que sea tu hijo/a antes de entonar el “había una vez”.
® Raquel Contreras
Cada vez que entonamos el “Érase una vez”, estamos zambullendo a nuestros pequeños en un mundo de fantasía que ellos disfrutan y paladean con placer. Para nosotros es casi una rutina tomar un libro o hacer memoria y relatar ciertos cuentos que la inmensa mayoría conocemos. Tanto es así, que ni si quiera nos paramos a analizar con un poco de detenimiento lo que estamos enseñándoles. Porque, efectivamente, los niños aprenden con todo. Son como pequeñas esponjas que absorben información prácticamente sin darse cuenta. Es así como, por ejemplo, aprenden las palabrotas que tanta gracia nos hacen en un niño de dos años y no consentimos en un crío de once. Por eso es importante saber lo que les estamos transmitiendo. Al igual que procuramos que no vean películas o dibujos de contenido violento y nos planteamos ciertos tabúes cuando están delante para evitar enseñarles malas conductas, deberíamos prestarle atención a qué tipo de historias les contamos.
Nos fiamos de que Disney (sus películas y adaptaciones de los cuentos clásicos) o empresas similares, velan por la infantilización de los contenidos para niños. Pues he aquí una crítica con algunos ejemplos que, a la par que educativos, espero sean entretenidos para quien los quiera leer, y que iré presentando los próximos días.
Analicemos fríamente cuentos o dibujos que tan gratamente recordamos o relatamos:
Para empezar, los cuentos de hadas en general que tanto gustan a las niñas. Esto se ve fácil y rápido: tía inútil y repipi busca heredero pitufo. Porque viene siendo básicamente eso, ¿o no?
Esas princesitas de cuento que nos presentan tan delicadas y femeninas no son tan tontas como parece. ¿Cuántas veces es un tío normal, un currito de a pie quien se la lleva? Más bien poquitas. Porque no quieren al ogro, ni al enanito, ni a nadie que no tenga título de príncipe. ¡Carajo para la mosquita muerta! Y siempre heterosexuales, no vaya a ser que, por equívoco, digamos que fue una amazona quien besó a Blancanieves. ¡Por Dios! Eso sí que es perversión. Y llegamos a otro tema crucial: la necrofilia en los cuentos. Vamos a ver, si la tipa está moribunda en una cama (véase la Bella Durmiente) o metida en un ataúd (caso Blancanieves), está bien que le presentes tus respetos y tal, pero de ahí a mandarle un morreo… eso da bastante mal rollo. Y no vale el “es que la bruja dijo que tenía que besarla…” ¿Y tú le haces caso? ¡Pero que es una bruja, coño, que no pretende nada bueno! Y luego están las madrastras… esas horribles mujeres que nunca quieren nada bueno para las hijas de su esposo… Es una idea cojonuda, seguro que todas las mujeres que se casan de segundas nupcias con un hombre con hijos brincan de alegría con esta visión. Porque nunca es un padrastro… No, ¿para qué? Desvirtuemos el papel de la mujer ya desde la infancia: serás una pobrecita dependiente de un hombre que te salve, y si algún día crías a niños que no sean tuyos, te verán como una bruja. ¡ESTUPENDO! ¡Mi sueño hecho realidad!
Salvando algunas excepciones de películas que se dan en la actualidad o reedición de cuentos para hacerlos “políticamente correctos”, está por ver que le contemos a nuestros niños eso de “Érase una vez un príncipe encerrado en una torre, que era tan débil, asustadizo y lerdo que no podía salir por sí mismo, y esperaba el día en que una princesa u otro príncipe, por qué no, se perdiera en sus paseos y le encontrase, pues le salvaría y se casaría con él.” ¡STOP! Hemos quedado en que los niños aprenden de todo aquello que ven, escuchan o tienen cerca. Qué pretendemos, ¿que se comprometa con el primer crío que le defienda en el recreo? ¿Qué se quede sentadito/a esperando a que su pareja ideal se tope de bruces con él? Un poquito de cordura… que le echen una mano no quiere decir que esté supeditado a esa persona de por vida… Hay que ser agradecido, sí, pero tanto… Me parece que no es eso lo que pretendemos. Entonces, ¿por qué lo ponemos como ejemplo a seguir?
Piensa qué clase de adulto quieres que sea tu hijo/a antes de entonar el “había una vez”.
® Raquel Contreras
lunes, 25 de enero de 2010
Cuentos Clásicos. Final
La Bella Durmiente, de Giambattista Basile, posteriormente, por C. Perrault:
Versión adaptada (Perrault):
La joven princesa cae bajo el hechizo de una bruja al cumplir la mayoría de edad, envenenándose al pincharse el dedo con una rueca. Cae en sueño profundo, y con ella, su futuro reino, y sólo despierta cuando el príncipe, su verdadero amor, la besa. Posteriormente se casan y, obviamente, son felices comiendo perdices.
Versión original (Giambattista Basile):
Los reyes conciben una hija, y son advertidos por unos sabios de que en un futuro, caerá envenenada. Esto sucede según lo previsto, se pincha con el uso y cae envenenada. El rey preserva su cuerpo tumbado. Un día, un príncipe pasa por el lugar, ve a la joven y no resiste la tentación de poseerla. La viola y se marcha. Fruto de ese encuentro, nacen gemelos, que son cuidados por las hadas, hasta que uno de ellos chupa el dedo de su madre, sacando la astilla y haciéndola volver de su letargo. El príncipe vuelve al lugar donde se encontraba la chica y la encuentra despierta. Aquí, unas versiones dicen que se ofrece a ayudarles y les lleva a su palacio; otras, que simplemente vuelve a poseerla y marcha sin ellos. Sea como fuere, aparecen en el palacio del padre de sus hijos, sin saber que este está casado. Su legítima mujer decide matarlos. Aquí de nuevo se abren dos vertientes. En una de ellas, la esposa trata de asesinar a la bella durmiente y sus hijos. En a otra, pretende cocinar a los bastardos para dárselos de comer a su marido. En ambos casos, parece que sus planes se ven frustrados y se salvan, casándose posteriormente la chica con aquel que la violó.
En fin, estas son las versiones originales de sus autores... ¿Te cuento un cuento?
Raquel Contreras
Fuentes:
http://www.rinconcastellano.com/cuentos/index.html
http://www.muchachadesal.com/versiones-originales-de-algunos-cuentos-clasicos/
http://answers.yahoo.com/question/index?qid=20071218142008AA0ZILa
http://www.tinet.cat/~vne/CI_02_bella%20durmiente.htm
Versión adaptada (Perrault):
La joven princesa cae bajo el hechizo de una bruja al cumplir la mayoría de edad, envenenándose al pincharse el dedo con una rueca. Cae en sueño profundo, y con ella, su futuro reino, y sólo despierta cuando el príncipe, su verdadero amor, la besa. Posteriormente se casan y, obviamente, son felices comiendo perdices.
Versión original (Giambattista Basile):
Los reyes conciben una hija, y son advertidos por unos sabios de que en un futuro, caerá envenenada. Esto sucede según lo previsto, se pincha con el uso y cae envenenada. El rey preserva su cuerpo tumbado. Un día, un príncipe pasa por el lugar, ve a la joven y no resiste la tentación de poseerla. La viola y se marcha. Fruto de ese encuentro, nacen gemelos, que son cuidados por las hadas, hasta que uno de ellos chupa el dedo de su madre, sacando la astilla y haciéndola volver de su letargo. El príncipe vuelve al lugar donde se encontraba la chica y la encuentra despierta. Aquí, unas versiones dicen que se ofrece a ayudarles y les lleva a su palacio; otras, que simplemente vuelve a poseerla y marcha sin ellos. Sea como fuere, aparecen en el palacio del padre de sus hijos, sin saber que este está casado. Su legítima mujer decide matarlos. Aquí de nuevo se abren dos vertientes. En una de ellas, la esposa trata de asesinar a la bella durmiente y sus hijos. En a otra, pretende cocinar a los bastardos para dárselos de comer a su marido. En ambos casos, parece que sus planes se ven frustrados y se salvan, casándose posteriormente la chica con aquel que la violó.
En fin, estas son las versiones originales de sus autores... ¿Te cuento un cuento?
Raquel Contreras
Fuentes:
http://www.rinconcastellano.com/cuentos/index.html
http://www.muchachadesal.com/versiones-originales-de-algunos-cuentos-clasicos/
http://answers.yahoo.com/question/index?qid=20071218142008AA0ZILa
http://www.tinet.cat/~vne/CI_02_bella%20durmiente.htm
domingo, 6 de diciembre de 2009
Cuentos clásicos III.
La Cenicienta, de los hermanos Grimm:
Versión adaptada:
La Cenicienta se ve sometida a los maltratos de su madrastra y sus hermanastras cuando fallece su padre. En cierto momento, se celebra un baile al que ella no puede acudir, pero por sus buenos actos o en compensación a los maltratos y abusos sufridos, un hada madrina le concede vestimenta, zapatos y transporte para el ansiado baile, presidido por el príncipe del que ella está enamorada. El príncipe la escoge como pareja, pero al llegar la media noche, ella tiene que marchar porque se desvanece el hechizo y volverá a ser una campesina, perdiendo uno de sus zapatos de cristal en su huída. El heredero lo guarda y recorre el reino en busca de su amada, y aunque sus hermanas tratan de meter sus pies en el zapato, no encaja, hasta que Cenicienta se lo prueba, el príncipe la reconoce y la toma por esposa. En algunas versiones, la madrastra y sus hijas son castigadas a trabajar en palacio por el daño ocasionado a la joven. En otras, como la versión de Perrault, Cenicienta, de lo buena que era, lleva a sus hermanas a vivir a palacio con ella.
Versión original:
En el cuento escrito por los hermanos Grimm, el hilo argumental básico parece el mismo. Se supone que, originalmente, la joven Cenicienta asesina a la primera pretendiente de su padre tras morir su madre, pues prefiere que se case con su ama de llaves; pero esto no está contemplado actualmente. A parte de eso, los favores que recibe no proceden de un hada madrina, sino de un árbol que planta en la tumba de su madre y los pajarillos que lo habitan, que son quienes la ayudan y le proporcionan vestidos y zapatos para acudir a sus citas con el príncipe. Una vez la chica pierde el zapato y el heredero comienza a buscarla, las hermanastras, inducidas por su madre, se amputan, la una un dedo y la otra el talón, para que sus pies encajen en los zapatitos, engaño que es descubierto por la hemorragia. Finalmente, Cenicienta se prueba el zapato, se confirma que es la amada del príncipe y contraen matrimonio, al cual acuden sus hermanastras, tratando de ganarse el favor de Cenicienta. Durante la ceremonia, las palomas y tórtolas amigas de la joven, les sacan los ojos de sendos picotazos a las dos muchachas como castigo por su maldad.
Pulgarcito, de Perrault:
Versión adaptada:
Pulgarcito era un niño del tamaño de un dedo que tenía siete hermanos. Viví con sus padres, que eran muy pobres, y un día, deciden que deben dejarlos en el bosque porque no tienen para darles de comer. Les abandonan allí con mucho pesar, pero los chicos, gracias a Pulgarcito, que había marcado el camino con guijarros, encuentran el camino de vuelta. Siendo la situación igual de penosa para la familia, los padres vuelven a llevar a los niños al bosque, pero esta vez no encuentran el camino, porque tiraron migas de pan que se comieron las aves. Buscando su casa, encuentran un castillo habitado por un ogro que les invita a pasar la noche. Antes de acostarse, Pulgarcito escucha que su anfitrión piensa devorarles, despierta a sus hermanos y huyen. El ogro les persigue con sus botas de siete leguas hasta que se cansa y se duerme. Pulgarcito le quita entonces sus botas y escapan de él. El rey les recompensa por acabar con el ogro (al parecer, al quitarle las botas), y ellos vuelven a su casa.
Versión original:
La historia es la misma, salvando ciertos datos. Para empezar, quien desea abandonarles en el bosque es el padre en contra de la madre, que cede ante la posibilidad de ver a sus hijos morir de hambre y las amenazas violentas de su marido hacia ella si no deja de lamentarse. Por otro lado, cunado llegan al castillo, la mujer del ogro trata de salvarles y convence a su esposo de dejarles pasar la noche con ellos. Les aposenta en la misma habitación que sus hijas. Ellas, siete también, duermen en la cama contigua, portando una corona cada una, que Pulgarcito les arrebata ante la posibilidad de que el ogro pretenda matarles durante la noche. Al día siguiente, el ogro pide a su mujer que prepare a os niños para comerlos, y esta se desmaya al entrar en la habitación y descubrir a sus hijas ahogadas en su propia sangre (evidentemente, por equívoco del marido). Los chicos huyen, el ogro les persigue, se tumba a descansar y le arrebatan las botas de siete leguas. Entonces, Pulgarcito vuelve al castillo y le dice a la mujer del ogro que han secuestrado a su esposo y solicitan todas las joyas y oro que posea para salvarlo. Ella se las entrega para recuperar a su marido, y los niños vuelvan a su casa con las botas de siete leguas y el dinero robado.
Versión adaptada:
La Cenicienta se ve sometida a los maltratos de su madrastra y sus hermanastras cuando fallece su padre. En cierto momento, se celebra un baile al que ella no puede acudir, pero por sus buenos actos o en compensación a los maltratos y abusos sufridos, un hada madrina le concede vestimenta, zapatos y transporte para el ansiado baile, presidido por el príncipe del que ella está enamorada. El príncipe la escoge como pareja, pero al llegar la media noche, ella tiene que marchar porque se desvanece el hechizo y volverá a ser una campesina, perdiendo uno de sus zapatos de cristal en su huída. El heredero lo guarda y recorre el reino en busca de su amada, y aunque sus hermanas tratan de meter sus pies en el zapato, no encaja, hasta que Cenicienta se lo prueba, el príncipe la reconoce y la toma por esposa. En algunas versiones, la madrastra y sus hijas son castigadas a trabajar en palacio por el daño ocasionado a la joven. En otras, como la versión de Perrault, Cenicienta, de lo buena que era, lleva a sus hermanas a vivir a palacio con ella.
Versión original:
En el cuento escrito por los hermanos Grimm, el hilo argumental básico parece el mismo. Se supone que, originalmente, la joven Cenicienta asesina a la primera pretendiente de su padre tras morir su madre, pues prefiere que se case con su ama de llaves; pero esto no está contemplado actualmente. A parte de eso, los favores que recibe no proceden de un hada madrina, sino de un árbol que planta en la tumba de su madre y los pajarillos que lo habitan, que son quienes la ayudan y le proporcionan vestidos y zapatos para acudir a sus citas con el príncipe. Una vez la chica pierde el zapato y el heredero comienza a buscarla, las hermanastras, inducidas por su madre, se amputan, la una un dedo y la otra el talón, para que sus pies encajen en los zapatitos, engaño que es descubierto por la hemorragia. Finalmente, Cenicienta se prueba el zapato, se confirma que es la amada del príncipe y contraen matrimonio, al cual acuden sus hermanastras, tratando de ganarse el favor de Cenicienta. Durante la ceremonia, las palomas y tórtolas amigas de la joven, les sacan los ojos de sendos picotazos a las dos muchachas como castigo por su maldad.
Pulgarcito, de Perrault:
Versión adaptada:
Pulgarcito era un niño del tamaño de un dedo que tenía siete hermanos. Viví con sus padres, que eran muy pobres, y un día, deciden que deben dejarlos en el bosque porque no tienen para darles de comer. Les abandonan allí con mucho pesar, pero los chicos, gracias a Pulgarcito, que había marcado el camino con guijarros, encuentran el camino de vuelta. Siendo la situación igual de penosa para la familia, los padres vuelven a llevar a los niños al bosque, pero esta vez no encuentran el camino, porque tiraron migas de pan que se comieron las aves. Buscando su casa, encuentran un castillo habitado por un ogro que les invita a pasar la noche. Antes de acostarse, Pulgarcito escucha que su anfitrión piensa devorarles, despierta a sus hermanos y huyen. El ogro les persigue con sus botas de siete leguas hasta que se cansa y se duerme. Pulgarcito le quita entonces sus botas y escapan de él. El rey les recompensa por acabar con el ogro (al parecer, al quitarle las botas), y ellos vuelven a su casa.
Versión original:
La historia es la misma, salvando ciertos datos. Para empezar, quien desea abandonarles en el bosque es el padre en contra de la madre, que cede ante la posibilidad de ver a sus hijos morir de hambre y las amenazas violentas de su marido hacia ella si no deja de lamentarse. Por otro lado, cunado llegan al castillo, la mujer del ogro trata de salvarles y convence a su esposo de dejarles pasar la noche con ellos. Les aposenta en la misma habitación que sus hijas. Ellas, siete también, duermen en la cama contigua, portando una corona cada una, que Pulgarcito les arrebata ante la posibilidad de que el ogro pretenda matarles durante la noche. Al día siguiente, el ogro pide a su mujer que prepare a os niños para comerlos, y esta se desmaya al entrar en la habitación y descubrir a sus hijas ahogadas en su propia sangre (evidentemente, por equívoco del marido). Los chicos huyen, el ogro les persigue, se tumba a descansar y le arrebatan las botas de siete leguas. Entonces, Pulgarcito vuelve al castillo y le dice a la mujer del ogro que han secuestrado a su esposo y solicitan todas las joyas y oro que posea para salvarlo. Ella se las entrega para recuperar a su marido, y los niños vuelvan a su casa con las botas de siete leguas y el dinero robado.
martes, 3 de noviembre de 2009
Cuentos clásicos II
Caperucita Roja, de los hermanos Grimm:
Versión adaptada:
Mandan a Caperucita a casa de su abuela porque está enferma. La niña atraviesa el bosque y se encuentra con un lobo, que descubre a dónde se dirige y decide adelantarse para atacar a la abuela y comerse después a la niña. Llega el lobo, se come a la abuela (o la encierra en el armario) y se viste con su ropa. Cuando llega Caperucita, sospecha del aspecto de su abuela y le pregunta, hasta que el lobo se abalanza sobre ella. En ese momento, llega un cazador que oyó el ruido y mata al lobo, salvando así a Caperucita.
Versión original:
El comienzo trascurre básicamente igual, y en cuanto al desarrollo y desenlace hay diferentes versiones difundidas, difíciles de comprobar. En teoría, la primera versión del cuento fue censurada por su contenido erótico en relación a la niña y el lobo, o que la niña ingiere los restos de sangre y carne de su abuela como símbolo de respeto y veneración. La versión de los hermanos Grimm que perdura es en la que el lobo devora a la abuela y a la niña, y es en ese momento cuando el cazador, alertado por los ronquidos, acude a la casa, raja el estómago del lobo (que está dormido) y saca a las dos mujeres, llenando su estómago de piedras, que pesan tanto que matan al lobo en cuanto le levanta.
Blancanieves y los siete enanitos, de los hermanos Grimm:
Versión adaptada:
Blancanieves es una joven hermosa envidiada por su madrastra, hasta el punto de que esta desea matarla para convertirse en la más hermosa del reino. Con este propósito, manda a un secuaz a acabar con su vida, pero la joven escapa en el bosque, llegando a la casa de los enanitos que le dan cobijo. La madrastra se entera de que sigue viva y la envenena con una manzana hasta que su amor verdadero la despierte con un beso. Los enanitos meten a Blancanieves en un ataúd de cristal, hasta que un día pasa un príncipe, la ve, la besa y la devuelve a la vida. Se casan y son felices para siempre.
Versión original:
La pretensión de asesinar a la chica corre por cuenta de su propia madre al ver que la niña es rival para su belleza, pidiendo como prueba de su muerte el corazón de la chica para comérselo. El hombre al que encomienda la labor le lleva un corazón de jabalí cuando la chica escapa, y la reina se lo come. El resto de la historia transcurre igual, hasta que al final de la misma, la reina es condenada a ponerse unos zapatos de hierro al rojo vivo, con los que baila hasta caer muerta.
Caperucita Roja, de los hermanos Grimm:
Versión adaptada:
Mandan a Caperucita a casa de su abuela porque está enferma. La niña atraviesa el bosque y se encuentra con un lobo, que descubre a dónde se dirige y decide adelantarse para atacar a la abuela y comerse después a la niña. Llega el lobo, se come a la abuela (o la encierra en el armario) y se viste con su ropa. Cuando llega Caperucita, sospecha del aspecto de su abuela y le pregunta, hasta que el lobo se abalanza sobre ella. En ese momento, llega un cazador que oyó el ruido y mata al lobo, salvando así a Caperucita.
Versión original:
El comienzo trascurre básicamente igual, y en cuanto al desarrollo y desenlace hay diferentes versiones difundidas, difíciles de comprobar. En teoría, la primera versión del cuento fue censurada por su contenido erótico en relación a la niña y el lobo, o que la niña ingiere los restos de sangre y carne de su abuela como símbolo de respeto y veneración. La versión de los hermanos Grimm que perdura es en la que el lobo devora a la abuela y a la niña, y es en ese momento cuando el cazador, alertado por los ronquidos, acude a la casa, raja el estómago del lobo (que está dormido) y saca a las dos mujeres, llenando su estómago de piedras, que pesan tanto que matan al lobo en cuanto le levanta.
Blancanieves y los siete enanitos, de los hermanos Grimm:
Versión adaptada:
Blancanieves es una joven hermosa envidiada por su madrastra, hasta el punto de que esta desea matarla para convertirse en la más hermosa del reino. Con este propósito, manda a un secuaz a acabar con su vida, pero la joven escapa en el bosque, llegando a la casa de los enanitos que le dan cobijo. La madrastra se entera de que sigue viva y la envenena con una manzana hasta que su amor verdadero la despierte con un beso. Los enanitos meten a Blancanieves en un ataúd de cristal, hasta que un día pasa un príncipe, la ve, la besa y la devuelve a la vida. Se casan y son felices para siempre.
Versión original:
La pretensión de asesinar a la chica corre por cuenta de su propia madre al ver que la niña es rival para su belleza, pidiendo como prueba de su muerte el corazón de la chica para comérselo. El hombre al que encomienda la labor le lleva un corazón de jabalí cuando la chica escapa, y la reina se lo come. El resto de la historia transcurre igual, hasta que al final de la misma, la reina es condenada a ponerse unos zapatos de hierro al rojo vivo, con los que baila hasta caer muerta.
sábado, 31 de octubre de 2009
Los cuentos clásicos
Los cuentos clásicos I
¿Quién no ha escuchado alguna vez el cuento de Caperucita Roja, La Bella Durmiente, Cenicienta, La Sirenita, etc.? A todos nos han leído alguna vez estos cuentos, o nosotros mismos se los hemos relatado a nuestros hijos, sobrinos, hermanos,… Pero pocos o ninguno de nosotros se ha parado a observar si esos cuentos son realmente aptos para niños. Es decir, a ninguno se nos ocurriría contarles a los más pequeños una historia de violaciones, o de asesinatos a sangre fría, o de automutilaciones. Dicho así, sin anestesia, suena realmente mal… pero es lo que reproducimos cuando, ilusos de nosotros, enunciamos La Cenicienta o La Bella Durmiente, por ejemplo. Y es que los denominados cuentos clásicos no tienen una temática infantil. ¿Por qué? Bueno, hay dos versiones del motivo.
Por un lado, antiguamente los cuentos y relatos no se escribían para niños, sino para entretener a la alta sociedad o para ejemplificar y aleccionar, una especie de parábola para adultos sobre ciertos actos y sus consecuencias. Por otra parte, se piensa que sí estaban dirigidos a la infancia, pero el concepto que se tenía de los niños es muy diferente al actual, ya que se les veía como adultos en miniatura y se les trataba como tal.
Los cuentos clásicos, escritos por autores como Andersen, los hermanos Grimm, Perrault,.. han sido suavizados y edulcorados en la actualidad por empresas “dedicadas a la infancia” (tema que trataré en otro blog, en el que sopesaremos la intencionalidad de dichas versiones y las ideas que promueven en los niños de forma más o menos directa), para adecuarlos a los más pequeños, perdiendo así la esencia original y los motivos para los que fueron escritos. En los siguientes blogs iré haciendo una comparativa de las versiones originales de dichos relatos con las que se conocen actualmente a fin de comparar contenidos e intencionalidad.
La Sirenita, de H. C. Andersen:
Versión adaptada:
La sirenita se enamora de un humano, acude a la bruja del mar y ésta le da una poción mágica para deshacerse de su cola y poder estar con el príncipe a cambio de su voz. Ella accede, sale del agua y se encuentra con su amor. Pasado un tiempo y algunas desavenencias, terminan juntos, la bruja es vencida y ellos se casan. Viven felices y comen perdices.
Versión original:
La sirenita se enamora de un humano, acude a la bruja del mar y ésta le da una poción mágica para deshacerse de su cola y poder estar con el príncipe a cambio de su voz, advirtiéndole que en caso de que este la rechace, ella se deshará en el mar. La chica acepta, sale del agua, su amado la socorre y le profiere un afecto sincero. Pero está prometido y no ama a la sirenita. Se casa con otra. Las hermanas de la sirenita acuden a la bruja del mar y venden su cabello a cambio de un puñal mágico para matar al príncipe y salvar así a su hermana. Se lo dan a la chica, que se introduce en la habitación de la pareja para matarle, pero se arrepiente, le besa y se va. Lanza el puñal al mar y acto seguido, se lanza ella; esto es, se suicida.
¿Quién no ha escuchado alguna vez el cuento de Caperucita Roja, La Bella Durmiente, Cenicienta, La Sirenita, etc.? A todos nos han leído alguna vez estos cuentos, o nosotros mismos se los hemos relatado a nuestros hijos, sobrinos, hermanos,… Pero pocos o ninguno de nosotros se ha parado a observar si esos cuentos son realmente aptos para niños. Es decir, a ninguno se nos ocurriría contarles a los más pequeños una historia de violaciones, o de asesinatos a sangre fría, o de automutilaciones. Dicho así, sin anestesia, suena realmente mal… pero es lo que reproducimos cuando, ilusos de nosotros, enunciamos La Cenicienta o La Bella Durmiente, por ejemplo. Y es que los denominados cuentos clásicos no tienen una temática infantil. ¿Por qué? Bueno, hay dos versiones del motivo.
Por un lado, antiguamente los cuentos y relatos no se escribían para niños, sino para entretener a la alta sociedad o para ejemplificar y aleccionar, una especie de parábola para adultos sobre ciertos actos y sus consecuencias. Por otra parte, se piensa que sí estaban dirigidos a la infancia, pero el concepto que se tenía de los niños es muy diferente al actual, ya que se les veía como adultos en miniatura y se les trataba como tal.
Los cuentos clásicos, escritos por autores como Andersen, los hermanos Grimm, Perrault,.. han sido suavizados y edulcorados en la actualidad por empresas “dedicadas a la infancia” (tema que trataré en otro blog, en el que sopesaremos la intencionalidad de dichas versiones y las ideas que promueven en los niños de forma más o menos directa), para adecuarlos a los más pequeños, perdiendo así la esencia original y los motivos para los que fueron escritos. En los siguientes blogs iré haciendo una comparativa de las versiones originales de dichos relatos con las que se conocen actualmente a fin de comparar contenidos e intencionalidad.
La Sirenita, de H. C. Andersen:
Versión adaptada:
La sirenita se enamora de un humano, acude a la bruja del mar y ésta le da una poción mágica para deshacerse de su cola y poder estar con el príncipe a cambio de su voz. Ella accede, sale del agua y se encuentra con su amor. Pasado un tiempo y algunas desavenencias, terminan juntos, la bruja es vencida y ellos se casan. Viven felices y comen perdices.
Versión original:
La sirenita se enamora de un humano, acude a la bruja del mar y ésta le da una poción mágica para deshacerse de su cola y poder estar con el príncipe a cambio de su voz, advirtiéndole que en caso de que este la rechace, ella se deshará en el mar. La chica acepta, sale del agua, su amado la socorre y le profiere un afecto sincero. Pero está prometido y no ama a la sirenita. Se casa con otra. Las hermanas de la sirenita acuden a la bruja del mar y venden su cabello a cambio de un puñal mágico para matar al príncipe y salvar así a su hermana. Se lo dan a la chica, que se introduce en la habitación de la pareja para matarle, pero se arrepiente, le besa y se va. Lanza el puñal al mar y acto seguido, se lanza ella; esto es, se suicida.
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